viernes, 18 de diciembre de 2009
Otro inventario
Finalmente parece que el destino era esto.
Un trabajo que es
porque no queda otra.
Una cama tan grande
que desborda vacío.
Una hija que amar,
que cuidar y educar,
parte de una familia
barrida el viento.
Un hogar de alquiler
que limpiar y ordenar.
Ropa que planchar.
Comidas que preparar.
Platos que lavar.
Un préstamo que pagar
religiosamente.
Números que no cierran.
Una vida que no cierra.
Un corazón ilusionado.
Un cerebro resignado.
Un cuerpo cercenado.
Un espíritu cansado.
Deseos que no pasan.
Planes que no pasan.
Un puñado de amigos
que no se cultivar.
Y esa sensación de
que hay algo más
en algún lugar
esperándome
agazapado
inasible
esquivo
allá
lejos.
HerGus
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