jueves, 26 de noviembre de 2009

Ilusión, querida ilusión

Sombras de la nada, fantasmas,
ilusiones creadas por la mente
enferma, de la espera,
de contemplar como pasan
las vidas, los otros,
aferrada a una ilusión
que se retuerce y escapa,
la prohibición, la duda,
como serpientes entrelazadas
vertiendo la resignación,
corazón vasija.

Pero siempre vuelve
el espejismo renovado,
la esperanza desatada
   (por una coincidencia)
   (por una revelación)
   (por una risa líquida)
y rápidamente destruida,
borrada de un plumazo, ¡paf!
golpe de realidad
filosa, lacerante,
alarido cerebral, desgarro.

Y luego qué:
el negro silencio,
la línea que calla,
el plato solitario,
el lecho vacío,
la ilusión,
la nada.

HerGus

viernes, 13 de noviembre de 2009

Tested

Ironía del destino. El cuadro pintado con mano maestra, la paleta de brillantes colores, la simetría, las líneas que confluyen, coinciden, viajan paralelas, se cruzan, todo en aparente equilibrio, los trazos delicados, las suaves curvas, la concordancia plasmada al detalle, como preparado adrede, la armonía, la belleza, para colmo la belleza.

Porque también está la otra paleta, la que siempre asoma, se hace notar, no deja que la pase por alto, la de tonos ocres, oscuros, aciagos, omnipresente en su pertenencia al cuadro, porque es el anverso, el contraste, el obstáculo, la incertidumbre, todo fusionado en una misma imagen, en una gran representación, la masquerade, el teatro de luces y sombras, la vida.

Y ahí yace el desafío, la bofetada, la ironía. Las pruebas de que habla la iglesia, si las pasás vas al cielo, sino ya sabés. El mundo testeándote, diciéndote y ahora qué, acá tenés el cuadro, qué pensás hacer con él. ¿Acaso convertirte en eso que no querés ser, que te negás a ser, eso que fuiste, prestar oídos a la bestia interior, la de los cuernos y la cola? ¿Un ojo por ojo contra la vida, golpe por golpe, como los boxeadores, hasta que uno caiga primero?

O la resignación, el aceptar a la suerte o su ausencia. Seguir el camino correcto, el de las barreras, el del no debés y el no podés, el de la moral. Pensar en las variables, las consecuencias, las víctimas. Bajar la cabeza y seguir, ignorar el cuadro, los trazos, la simetría, simplemente seguir, el Niño Bueno (mira qué pobre amante), las orejeras, la simpleza.

El problema es, ¿qué pasa si uno prefiere lo complejo? ¿Si uno prefiere las hormigas? ¿Si uno prefiere el infierno?

HerGus

sábado, 7 de noviembre de 2009

Carta de renuncia

Renuncio a la búsqueda, a la persecución infructuosa, a la cacería. Al actuar en consecuencia de, al estar pendiente de la esperanza, de lo que solo existe allí donde habitan las ideas, en el reino de lo que no es aunque debería, aunque podría ser. Me propongo dejar de supeditar mis actos a lo que nunca sucede, a lo que se niega a ser, se niega a estar. En síntesis, renunció a la ilusión en su forma trágica, en su máscara de autoengaño, dominio de los sueños incumplidos.

Renuncio además al pretender, al aparentar, al aparentar que aparento. Renuncio a intentar ser quien no soy, quien no quiero ser, quien los demás esperan que sea, esa fachada que requiere la sociedad, que te moldea y te dice acá tenés, probátela que te va quedar bien, dale, no seas así. Renuncio a la masquerade, a la ilusión en su forma teatral, al ir por la vida siendo ese que se adapta, que se amolda, que encaja, ese que disfruta del saco y la corbata, ejemplo del sistema.

Y ya que estamos, también renuncio a la complejidad. Me abrazo a la simpleza, aunque se resista, aunque se debata para soltarse. Renuncio a complicarme la existencia por las cosas que no se lo merecen (porque algunas sí lo merecen, te lo aseguro), a dejarme arrastrar por los problemas, a dejar que me abrumen, que las arañas me enreden en sus telas, que los minotauros me metan en sus laberintos. Renuncio a intentar entender por qué suceden las cosas, la ilusión en su sentido mágico, el prestidigitador que maneja las acciones de la gente, teatro de las relaciones humanas.

¿Y el amor preguntás? Ese esquivo, taimado, furtivo, traicionero, omnipresente aún en la ausencia, molesto, anhelado, despreciado, siempre buscado, esperado hasta el hartazgo, fuente de miserias, de desespero, de jaquecas, de esperanzas, de pesares, ese que me lleva a buscar, a aparentar, que me complica la vida. El amor. No, a él no renuncio. Cómo voy a renunciar a la ilusión.

HerGus

domingo, 1 de noviembre de 2009

Lluvia

La lluvia barre con todo. Barre con la suciedad, con los planes, con las diferencias sociales. Es la gran igualadora. Empareja hacia abajo, hacia el suelo, hacia el asfalto que la repele, hacia la tierra que la recibe bienvenida o la acumula apabullada, pero nunca la rechaza. En cambio la ciudad... no se lleva con la lluvia, martillo que la embate, que la ahoga, que la desborda. No sabe qué hacer con ella, se queda allí tirada, resignada, reduciendo al mínimo su actividad mientras la lluvia la azota, las gotas inundan sus balcones, chorrean de sus paraguas, repiquetean contra sus techos, como suenan ahora acá afuera de mi ventana, como lo hicieron toda la noche, agua contra metal, ritmo de natura, anunciando que hoy tampoco, que no va poder ser, ¿no ves que está todo mojado?, quedará para otro día...

Como detesto la lluvia.

HerGus