I don't know why. I just don't know.
Why can't it be simple, why must be so fucking complicated? Why do I feel these feelings? Why do I think these thoughts? Feeling what I shouldn't. Hoping what cannot be. Porque pongámoslo en claro ya de entrada: it's not the way to go! It's what I keep repeating to myself, in an honest way, that I won't do. Eso de la piedra y la repetición, ustedes saben. Entonces why?
Maybe is the void. The silent phone. The empty spaces. Maybe it's just me. It would be so much easy if it were just me. Nothing else, nobody else, just me. But I can't. And what I want... don't make go there again. Oh, y las barreras, those stupid things society puts in your way: you must think before you act, check all the variables, weight them, see if everything fits, if nothing breaks the limits, all just neat and clean, please don't break anything. And love? Bien, gracias.
BTW, what is love after all? Caring for someone? Knowing that someone cares for you? Or maybe just won't being able to keep from thinking in that someone, wanting to know everything that is to know, even what you don't want to know, feeling the need to be, the urge to be. And specially letting go, being yourself, not someone else, just the one you truly are, vos mismo, not the one the others expect you to be, being your true self and knowing that it's ok, that you don’t need to pretend.
But is that love, or is just the idea of being in love? Because, if it's like that... what am I doing? What am I looking for? What am I waiting for?
I don't know.
I
Just
Don't
Know.
HerGus
jueves, 29 de octubre de 2009
sábado, 3 de octubre de 2009
Complicado
Qué complicado que es eso. Sí, eso. Eso que tenés delante de tus narices (nunca entendí por qué no dicen nariz). Eso que está en todos lados, que nos rodea, que a veces nos atrapa, que siempre nos estruja, nos aplasta, que si tenemos suerte o quizás lo contrario, nos deja sin aliento. Sí, justamente eso. Lo que los poetas llaman amor; los científicos, endorfinas; los más osados, pasión; los irreverentes, sexo. Exacto, eso. Qué complicado que es.
Porque uno le pone todo su esfuerzo, no te creas. Uno construye. Vaya si construye. Un par apoyadas una contra la otra, otro par a su lado, junto a otro y otro más, para luego agregar los vínculos que consolidan y vuelta a empezar, un piso más arriba. Y de a poco el castillo va tomando forma, qué lindo que me quedó, mi mundo perfecto, una pinturita. Todo cierra, todo tiene su lugar, las incógnitas son cosas del pasado. Pero en cualquier momento, cuando menos te lo esperás, viene la vida, o quizás el destino, pero siempre la realidad, y ¡plaf!. Un súbito ardor, la desorientación momentánea, esa leve hinchazón en la mejilla. Y en derredor una lluvia de cartas que se acumula en el piso y se te burlan desde ahí, el peor ángulo que pudieron elegir.
¿Y ahora? ¿Qué se hace en estos casos? ¿Por qué no venía explicado en el manual? No queda otra que elegir. Dejar los pedazos tirados, porque siempre quedan pedazos tirados, no te engañes; seguir el instinto, dejarse llevar, la libertad es libre. O ¿peor aún?, volver a empezar, otra vez a construir, esperando que no se note el remiendo, ¿que qué es eso?, nada, qué va a ser. Y la ironía es que ambos caminos dejan heridas, incertidumbres, mariposas en el estómago, ¿habré hecho lo correcto? ¿Y si tal vez...? ¿Y si en cambio...?
Será como dicen los científicos, el cerebro sólo aprende de los aciertos, no de los errores. Entonces no queda otra más que seguir, eligiendo caminos, tomando decisiones, para bien o para mal, esperando tan solo que una vez, aunque sea una vez, venga un acierto y nos pegue en la cara.
HerGus
Porque uno le pone todo su esfuerzo, no te creas. Uno construye. Vaya si construye. Un par apoyadas una contra la otra, otro par a su lado, junto a otro y otro más, para luego agregar los vínculos que consolidan y vuelta a empezar, un piso más arriba. Y de a poco el castillo va tomando forma, qué lindo que me quedó, mi mundo perfecto, una pinturita. Todo cierra, todo tiene su lugar, las incógnitas son cosas del pasado. Pero en cualquier momento, cuando menos te lo esperás, viene la vida, o quizás el destino, pero siempre la realidad, y ¡plaf!. Un súbito ardor, la desorientación momentánea, esa leve hinchazón en la mejilla. Y en derredor una lluvia de cartas que se acumula en el piso y se te burlan desde ahí, el peor ángulo que pudieron elegir.
¿Y ahora? ¿Qué se hace en estos casos? ¿Por qué no venía explicado en el manual? No queda otra que elegir. Dejar los pedazos tirados, porque siempre quedan pedazos tirados, no te engañes; seguir el instinto, dejarse llevar, la libertad es libre. O ¿peor aún?, volver a empezar, otra vez a construir, esperando que no se note el remiendo, ¿que qué es eso?, nada, qué va a ser. Y la ironía es que ambos caminos dejan heridas, incertidumbres, mariposas en el estómago, ¿habré hecho lo correcto? ¿Y si tal vez...? ¿Y si en cambio...?
Será como dicen los científicos, el cerebro sólo aprende de los aciertos, no de los errores. Entonces no queda otra más que seguir, eligiendo caminos, tomando decisiones, para bien o para mal, esperando tan solo que una vez, aunque sea una vez, venga un acierto y nos pegue en la cara.
HerGus
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