Renuncio a la búsqueda, a la persecución infructuosa, a la cacería. Al actuar en consecuencia de, al estar pendiente de la esperanza, de lo que solo existe allí donde habitan las ideas, en el reino de lo que no es aunque debería, aunque podría ser. Me propongo dejar de supeditar mis actos a lo que nunca sucede, a lo que se niega a ser, se niega a estar. En síntesis, renunció a la ilusión en su forma trágica, en su máscara de autoengaño, dominio de los sueños incumplidos.
Renuncio además al pretender, al aparentar, al aparentar que aparento. Renuncio a intentar ser quien no soy, quien no quiero ser, quien los demás esperan que sea, esa fachada que requiere la sociedad, que te moldea y te dice acá tenés, probátela que te va quedar bien, dale, no seas así. Renuncio a la masquerade, a la ilusión en su forma teatral, al ir por la vida siendo ese que se adapta, que se amolda, que encaja, ese que disfruta del saco y la corbata, ejemplo del sistema.
Y ya que estamos, también renuncio a la complejidad. Me abrazo a la simpleza, aunque se resista, aunque se debata para soltarse. Renuncio a complicarme la existencia por las cosas que no se lo merecen (porque algunas sí lo merecen, te lo aseguro), a dejarme arrastrar por los problemas, a dejar que me abrumen, que las arañas me enreden en sus telas, que los minotauros me metan en sus laberintos. Renuncio a intentar entender por qué suceden las cosas, la ilusión en su sentido mágico, el prestidigitador que maneja las acciones de la gente, teatro de las relaciones humanas.
¿Y el amor preguntás? Ese esquivo, taimado, furtivo, traicionero, omnipresente aún en la ausencia, molesto, anhelado, despreciado, siempre buscado, esperado hasta el hartazgo, fuente de miserias, de desespero, de jaquecas, de esperanzas, de pesares, ese que me lleva a buscar, a aparentar, que me complica la vida. El amor. No, a él no renuncio. Cómo voy a renunciar a la ilusión.
HerGus
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario