sábado, 5 de septiembre de 2009

Noche

Viernes. Noche. Frío. Soledad.

Cree este blog para escribir libremente lo que pasara por mi cabeza (o escapara de ella), así que aquí estoy, en esta fría y solitaria noche de viernes.

¿Pero sobre qué escribir? ¿Sobre la noche quizás? No, es muy obvio.

Un candidato es el silencio, ese que me grita pidiendo que lo mencione, que lo narre, que cuente como resiste ante el suave silbido de la estufa de gas, ante los autos que pasan allá afuera atravesando la noche, ante el golpeteo de mis dedos sobre las teclas, y se define como tal: Silencio, sin concesiones, rodeándome y envolviéndome. Pero no, tampoco voy a escribir sobre él.

Otra alternativa sería el frío, ese que trata de entrar, ese que sale de adentro, ese contra el que la estufa combate y que furtivo la rodea y me atenaza los tobillos, o sopla contra mi nuca disimuladamente, como un amante tímido, como un fantasma que te roza, que te eriza los vellos del cuello y te deja temblando, temeroso y perdido.

Y hablando de fantasmas, bien podría escribir sobre ella, la ausencia, esa que ahora se esconde detrás del armario cuando trato de atraparla con la mirada, ponerle un rostro, ese rostro que anhela, que desconoce pero siente suyo. Tanto lo desea que se prueba los que va encontrando a su paso, rostros que se le caen por propio peso, o quizás por falta de asidero, de sostén, y que sin embargo recoge desafiante y se los calza nuevamente, pero no, se niegan a permanecer, a darle cuerpo, sustancia, esa tendencia suicida que la hace desear la materialidad que la negaría y a la vez la dejaría completa, ausencia de ausencia, hueco relleno.

O tal vez contar sobre esas ganas, de algo más, de algo distinto, de algo que no es pero debería, de esa pieza que no venía en la caja del rompecabezas, que los parió me lo vendieron incompleto, ganas de no-silencio, de no-frío, de no-ausencia...

Pero no. Después de todo no voy a hablar de nada eso.

El cansancio por fin me alcanza, últimamente anda con retraso pero ya está aquí, sentado sobre mis hombros, susurrándome un arrullo al oído en esta noche de viernes, esta madrugada de sábado. Mejor me voy a acostar, antes de que se arrepienta. La noche hacer rato transita sobre mi ciudad y, como decía Cortazar, hace tiempo y frío.

HerGus

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